En finanzas, la liquidez es la capacidad de un activo para transformarse en dinero de forma rápida, sencilla y sin sufrir una pérdida significativa de valor. El dinero en efectivo y el saldo de una cuenta corriente son los activos más líquidos que existen.
Los activos pueden ordenarse de más a menos líquidos:
- Muy líquidos: efectivo, cuentas corrientes y cuentas remuneradas.
- Líquidos: fondos monetarios, acciones y ETFs de mercados con mucho volumen, que se venden en horas o pocos días.
- Poco líquidos: depósitos con penalización por cancelación anticipada, acciones de empresas pequeñas con poca negociación.
- Ilíquidos: inmuebles, participaciones en empresas no cotizadas, algunos planes con rescate limitado.
La liquidez tiene un precio: normalmente, cuanto más líquido es un activo, menor rentabilidad ofrece. Por eso no tiene sentido mantener todo el patrimonio en efectivo, pero tampoco tenerlo todo en activos difíciles de vender.
En las finanzas personales, la liquidez es la característica esencial del fondo de emergencia: debe estar disponible de inmediato y sin riesgo. En inversión, el riesgo de liquidez aparece cuando necesitas vender en un mal momento y no hay compradores a un precio razonable, algo que se suma al riesgo de mercado.
En empresas, la liquidez se refiere a su capacidad para atender los pagos a corto plazo y se analiza con ratios que comparan el activo corriente con el pasivo corriente.
Ejemplo
Las acciones de una gran empresa cotizada se pueden vender en segundos a precio de mercado. Vender una vivienda puede llevar meses y, si hay prisa, obliga a aceptar un precio menor.