En finanzas, el riesgo es la probabilidad de que el resultado real de una inversión difiera del esperado. No significa solo perder dinero: también es riesgo obtener mucha menos rentabilidad de la prevista o necesitar el dinero justo cuando el activo está en su peor momento.
Existen varios tipos de riesgo:
- De mercado: caídas generalizadas de precios por la economía, los tipos de interés o los acontecimientos globales.
- Específico: problemas de una empresa o sector concreto.
- De crédito: que quien te debe dinero, como el emisor de un bono, no pueda pagar.
- De liquidez: no poder vender a un precio razonable cuando lo necesitas.
- De divisa: pérdidas por la variación del tipo de cambio en activos en otra moneda.
- De inflación: que tu dinero crezca menos que los precios.
Riesgo y rentabilidad van unidos: nadie ofrece una rentabilidad alta de forma sostenida sin asumir riesgo. Desconfía de cualquier producto que prometa ambas cosas.
Gestionar el riesgo no es eliminarlo, sino ajustarlo a tu situación. Las herramientas principales son la diversificación, un horizonte temporal acorde al tipo de activo, un fondo de emergencia que evite ventas forzadas y un reparto entre activos adecuado a tu perfil de riesgo, que combina tu capacidad para soportar pérdidas y tu tolerancia emocional a ellas. Las entidades están obligadas a evaluar la conveniencia o idoneidad de ciertos productos para ti antes de contratarlos.
Ejemplo
Un bono del Estado a corto plazo tiene, en general, mucho menos riesgo que las acciones de una empresa pequeña y endeudada, pero también una rentabilidad esperada menor.