La diversificación consiste en repartir el dinero invertido entre activos que no se comportan exactamente igual, de forma que una caída fuerte en uno de ellos tenga un impacto limitado sobre el total de la cartera. Es la versión financiera de «no poner todos los huevos en la misma cesta».
Se puede diversificar en varias dimensiones:
- Por número de valores: muchas empresas en lugar de unas pocas.
- Por sectores: tecnología, salud, energía, consumo, finanzas…
- Por regiones: distintos países y divisas.
- Por tipo de activo: renta variable, renta fija, liquidez, inmuebles.
- En el tiempo: invirtiendo de forma periódica, como en el DCA.
La diversificación reduce el riesgo específico, el que afecta a una empresa o un sector concreto, como un escándalo contable o un cambio regulatorio. Lo que no puede eliminar es el riesgo de mercado: en una crisis global, casi todos los activos de riesgo caen a la vez, aunque no en la misma medida.
Los fondos indexados y los ETFs que replican índices amplios permiten diversificar con poco dinero. Pero tener muchos productos no garantiza estar diversificado: cinco fondos que invierten en las mismas grandes empresas tecnológicas siguen concentrando el riesgo. Lo que importa es qué hay dentro de cada uno.
Ejemplo
Una cartera repartida entre renta variable de muchos países, renta fija y liquidez está más diversificada que una concentrada en las acciones de la empresa en la que trabajas.