El interés compuesto se produce cuando los intereses o rendimientos que genera un capital no se retiran, sino que se suman a él. En el periodo siguiente, el rendimiento se calcula sobre una base mayor: el capital inicial más los intereses acumulados.
La diferencia con el interés simple es clave. Con interés simple, los intereses se calculan siempre sobre el capital inicial, y el crecimiento es lineal. Con interés compuesto, el crecimiento es exponencial: lento al principio y cada vez más rápido.
Capital final = Capital inicial × (1 + r)^n
Donde r es la rentabilidad por periodo y n el número de periodos. El exponente n explica por qué el tiempo es el factor más determinante: duplicar los años tiene mucho más efecto que duplicar la rentabilidad.
Una forma rápida de intuirlo es la regla del 72: dividiendo 72 entre la rentabilidad anual obtienes, aproximadamente, los años que tarda un capital en duplicarse. Al 6%, unos 12 años.
El interés compuesto funciona igual en contra cuando se trata de deudas: los intereses no pagados de una tarjeta revolving se suman a lo que debes y generan nuevos intereses. Por eso es tan importante evitar las deudas caras y empezar a ahorrar e invertir cuanto antes, aunque sea con cantidades pequeñas y constantes.
Ejemplo
1.000 € al 7% anual se convierten en unos 1.967 € en 10 años y en unos 3.870 € en 20 años. Con interés simple serían 1.700 € y 2.400 €.