Los ratios financieros son indicadores que se obtienen dividiendo unas partidas de los estados financieros de una empresa (balance, cuenta de resultados y estado de flujos de efectivo) entre otras. Convierten cifras absolutas en proporciones, lo que permite comparar compañías de distinto tamaño y seguir la evolución de una misma empresa en el tiempo.
Son la base del análisis fundamental y se agrupan en varias familias:
- Valoración: PER, precio sobre valor contable (P/VC), valor de empresa sobre EBITDA.
- Rentabilidad: ROE, ROA, ROIC y márgenes bruto, operativo y neto.
- Endeudamiento: deuda neta sobre EBITDA, deuda sobre fondos propios, cobertura de intereses.
- Liquidez y solvencia: ratio de liquidez corriente, prueba ácida.
- Eficiencia: rotación de activos, periodo medio de cobro y de pago.
Un ratio aislado dice poco. Para interpretarlo hay que compararlo con empresas del mismo sector, porque los modelos de negocio condicionan mucho las cifras: un banco, una eléctrica y una empresa de software tienen estructuras muy distintas. También hay que mirar su tendencia a lo largo de varios años.
Además, los ratios se calculan con datos contables pasados, que pueden estar afectados por partidas extraordinarias o criterios contables. Por eso conviene combinar varios, contrastarlos con el flujo de caja libre y entender el negocio que hay detrás de los números.
Ejemplo
Si una empresa tiene una deuda neta de 600 millones de euros y un EBITDA de 200 millones, su ratio deuda neta/EBITDA es de 3 veces: tardaría unos tres años en pagar su deuda con su resultado operativo.