El ROE (Return on Equity) mide la rentabilidad que obtiene una empresa sobre sus fondos propios, es decir, sobre el capital aportado por los accionistas más los beneficios que ha ido reteniendo.
ROE = Beneficio neto / Fondos propios × 100
Es uno de los indicadores favoritos de los inversores que buscan empresas de calidad: un ROE alto y sostenido en el tiempo suele señalar ventajas competitivas, como una marca fuerte, economías de escala o costes de cambio para los clientes, que permiten generar mucho beneficio con relativamente poco capital.
No existe un umbral universal de «buen ROE», porque depende mucho del sector. Los bancos, las empresas de software o las eléctricas tienen estructuras muy diferentes, así que el ROE debe compararse con empresas similares y con la trayectoria de la propia compañía.
Su principal trampa es la deuda. Una empresa muy endeudada tiene pocos fondos propios, y eso infla el ROE aunque el negocio no sea especialmente rentable: es el efecto del apalancamiento. También lo distorsionan las recompras de acciones o los fondos propios negativos. Por eso se complementa con el ROA (beneficio sobre activos totales) y el ROIC (rentabilidad sobre el capital invertido, incluida la deuda).
La descomposición de DuPont ayuda a entender de dónde sale el ROE: margen neto × rotación de activos × apalancamiento. Dos empresas con el mismo ROE pueden lograrlo de maneras muy distintas.
Ejemplo
Una empresa con un beneficio neto de 18 millones de euros y unos fondos propios de 100 millones tiene un ROE del 18%: genera 18 € de beneficio por cada 100 € de capital propio.