El apalancamiento financiero consiste en utilizar deuda para financiar una inversión mayor de la que podrías hacer solo con tus recursos. Actúa como una palanca: con poco capital propio controlas un activo mucho más grande.
Su efecto es simétrico. Si la inversión va bien, la ganancia sobre tu dinero se multiplica; si va mal, las pérdidas también. Además, los intereses de la deuda se pagan pase lo que pase, por lo que el apalancamiento solo compensa si la rentabilidad del activo supera el coste de financiarlo.
Aparece en muchos ámbitos:
- Finanzas personales: comprar una vivienda con hipoteca es la forma más común de apalancamiento.
- Empresas: financiarse con deuda en lugar de con capital de los accionistas puede elevar el ROE, pero aumenta el riesgo de quiebra si los ingresos caen.
- Inversión: productos como los CFD, los futuros o los ETFs apalancados permiten multiplicar la exposición con poco dinero. Los organismos supervisores advierten de que la mayoría de inversores minoristas pierde dinero con CFD.
El gran peligro del apalancamiento es que puede obligarte a vender en el peor momento o dejarte con una deuda superior al valor de lo que tienes. Para medir el endeudamiento de una empresa se usan ratios como la deuda neta sobre EBITDA; en tu economía doméstica, la referencia es que las cuotas de deudas no superen el 30-35% de tus ingresos netos.
Ejemplo
Compras una vivienda de 250.000 € con 50.000 € propios y una hipoteca por el resto. Si su valor sube un 10%, ganas 25.000 €: un 50% sobre tu dinero. Si baja un 10%, pierdes un 50% de tu capital, y además sigues debiendo la hipoteca completa.