La valoración es el proceso de estimar cuánto vale un activo, ya sea una empresa, una acción, un inmueble o un bono. Parte de una idea sencilla: el precio es lo que pagas y el valor, lo que obtienes. Cuando el precio de mercado queda claramente por debajo del valor estimado, el activo puede estar infravalorado; cuando queda muy por encima, sobrevalorado.
Los métodos más utilizados se agrupan en dos familias:
- Valoración por múltiplos o comparables. Compara la empresa con otras similares mediante ratios como el PER, el precio sobre valor contable o el valor de empresa sobre EBITDA. Es rápida, pero depende de que las comparables estén bien valoradas.
- Descuento de flujos de caja (DCF). Estima los flujos de caja libres futuros y los trae a valor presente con una tasa de descuento que refleja el riesgo. Es más completo, pero muy sensible a las hipótesis.
Existen también métodos patrimoniales, que valoran la empresa por sus activos menos sus deudas, útiles en sectores como el inmobiliario o en liquidaciones.
Ningún método da una cifra exacta. Pequeños cambios en el crecimiento esperado, los márgenes o la tasa de descuento producen valores muy distintos. Por eso los inversores prudentes trabajan con rangos, contrastan varios métodos y exigen un margen de seguridad: comprar solo cuando el precio queda bastante por debajo de su estimación, para compensar los posibles errores.
Ejemplo
Dos analistas pueden llegar a valoraciones muy distintas de la misma empresa solo por suponer un crecimiento anual del 3% o del 6% en sus beneficios durante la próxima década.